El Espejo


Vamos cargando a cuesta nuestros imperfectos, gritándole a la vida, quizás a Dios, a cualquiera que escuche y decida no responder, que no estamos a gusto con lo que por naturaleza hemos heredado.
Despertamos cansados, y decidimos un día arropar el espejo, para no descubrirnos cada mañana humanos, porque no nos resulta grato eso que miramos, el reflejo que nos sacude y tiene las respuestas de las preguntas que no tenemos la bravía de formularnos.
Así transcurren los años, años en los cuales dejamos de apreciar lo que el tiempo nos va regalando y con lo vanal del exterior pretendemos esconder la esencia, esa marca que nos hace irrepetibles.
Pero, llegará un día, el día, en el cual por fin lo pueril se convertirá en polvo y nos veremos obligados a quitar el lienzo del espejo, a mirarnos por fuera y ver como irremediablemente, eso se desvanece, dando paso a lo esencial, al alma.
Entonces, allí estaremos, por vez primera, desnudos ante nosotros mismos, detectando que aquello que siempre creímos imperfecto, fue lo que nos hizo únicos, seres humanos sin copias, sin plagios.
En ese momento, ya no habrán más tazas de amargos cafés por tomar, quedará la colilla del cigarrillo espolvoreando el humo que lentamente se desvanecerá de este mundo, cumpliendo en su último atisbo de existencia el cometido de su creación.
Ya sin copas de vino, sin libros por leer, sin más letras que escribir, será inevitable poner el último punto a la historia, dejando páginas en blanco que ya nadie podrá llenar, entonces, asaltará la pregunta.
De haber sabido que ese era el día del final, ¿Hubiese redactado la historia igual? En ese instante, verás la vida pasar ante ti y desearás haber amado más, haberte amado más, querrás abrazarte los defectos, mirar al espejo para descubrir las arrugas, el pelo blanco que te regala la edad,  si acaso te alcanzan los años para tal fortuna.
Anhelarás aferrarte a las carcajadas de un pasado ya muy lejano, soñarás con el amor que soltaste, con el que no entregaste cuando se asomó la oportunidad, el que no te diste. Percutirán las quimeras de los ideales no alcanzados. Te ahogarán con arrebato las palabras que faltaron por decir y lo mutilado de un futuro a medio construir.
Cerrarás los ojos lentamente y con el último latido, un hálito leve se llevará despacio, con la serena brisa de la noche, lo que pudo ser y no fue, el proyecto que dejó huellas que el tiempo ineludiblemente borrará, la sombra que se apaga en el espejo, lo que fue magia y pronto será cenizas.


- Liz.

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