Alma en pena.
Un cuerpo se mantiene inerte postrado en la vía, un alma por momentos abandona el mundo, mientras que todo sigue girando sin poner atención a los pasos perdidos que vagan por ahí, a los seres que llegan sin haber pedido estar y a esos que se marchan sin poder decir adiós.
Un ente amarra sus sueños en un rincón y decide vivir su realidad, pero el suplicio le reclama las guerras perdidas y las utopías olvidadas, en tanto que todo sigue su curso, éste se niega a continuar, sería iluso luchar por lo que ya no existe, amar lo que ya se fue y no volverá.
Ataron sus manos, sus pies, encadenaron su alma, le prohibieron el latido a su corazón, sin embargo, para castigo suyo le dejaron los sueños, bastardos sueños que solo vagaban por su ilusa mente y cada vez que iba por ellos se escapaban de sus manos, tal el agua que se escurre entre los dedos.
La podredumbre la arrastró consigo, ensuciaron la pureza de su alma, le arrancaron a escobazos la sonrisa, destruyeron su paz. Hasta un día en que cansada de luchar con lo imposible quiso abandonar el mundo, por fin descansaría, había llegado el momento, el final de la pesadilla.
Mas la mirada tierna de una madre por vez primera la alcanzó y no quiso causarle dolor, decidió quedarse, para seguir vegetando, para perder batallas ya pérdidas, para amar un ser ficticio, para vivir una vida ya muerta, postergó su vida y escogió la muerte de ese ser que existía en un breve lapso de tiempo que pronto llegaría a su fin... y entonces sí, su alma rompería las cadenas y su ser caminaría hacia la libertad dándole descanso a su triste alma en pena.
- Liz.



Comentarios
Publicar un comentario